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Un pie son 0,3048 metros exactos, o sea 30,48 centímetros. Lleva puesto el nombre de una parte del cuerpo y, sin embargo, no mide lo que mide ningún pie: el de un adulto de 1,75 m ronda los 26,8 centímetros. Para que tu pie midiera un pie tendrías que medir casi dos metros.
El círculo del mapa tiene 304,8 metros de radio: mil pies clavados, centrados en el kilómetro cero de la Puerta del Sol, que es justo el sitio desde el que España mide sus carreteras en kilómetros. Este artículo forma parte de las unidades de distancia y de dónde vienen; su hermano por contraste es el metro, que se hizo midiendo el planeta en vez de midiendo a una persona. Si solo quieres el número, el conversor de distancias pasa pies a metros al instante.
Empecemos por lo raro. El pie de un adulto mide, de media, un 15,3 % de su estatura: una persona de 175 centímetros tiene un pie de unos 268 milímetros. La unidad mide 304,8. Es decir, que el pie oficial es un 14 % más largo que el pie de la persona media, y eso no es un descuido: es lo que pasa cuando una unidad se hereda durante dos mil años y cada vez que alguien la fija, la fija un poco a su favor.
Hay explicaciones razonables —se midió con el calzado puesto, se midió sobre el pie de alguien importante, se ajustó para que cuadrara con múltiplos cómodos— y ninguna está demostrada. Lo que sí está escrito es el ideal. Vitruvio, en el libro III de De architectura, dice que el pie es la sexta parte de la estatura y que por eso el cuerpo bien proporcionado mide exactamente seis pies. Seis pies son 1,8288 metros, y el hombre de Vitruvio tendría entonces un pie de 30,5 centímetros. La proporción real es más bien de uno a seis y medio: el canon clásico es, literalmente, un poco largo de pies.
Mientras la unidad se sacaba del cuerpo, no había forma de que dos sitios coincidieran. El pie histórico osciló entre los 250 y los 335 milímetros según el país, y en muchos casos convivían dos o tres en la misma región según se estuviera midiendo tela, madera o tierra.
| Pie | Cuánto medía | Dónde |
|---|---|---|
| Pie internacional | 304,8 mm | El de hoy, desde 1959 |
| Pes romano | ~296 mm | Cinco pies hacían un paso; mil pasos, una milla |
| Pie griego | ~302 mm | Cambiaba de ciudad en ciudad (270-350 mm) |
| Pie castellano o de Burgos | 278,6 mm | Un tercio de la vara; 20.000 hacían una legua |
| Pied du roi | 324,8 mm | Francia, hasta la Revolución |
| Pie bélgico o norte-alemán | 335 mm | Llegó a Inglaterra con los celtas o con los anglosajones |
| US survey foot | 304,80061 mm | Topografía en EE. UU. hasta 2023 |
Fíjate en el pie castellano: 27,86 centímetros, casi tres centímetros menos que el inglés. Se dividía en 12 pulgadas de 23,22 milímetros o en 16 dedos, tres pies hacían una vara (83,59 cm) y veinte mil pies hacían una legua de 5.572,7 metros. Con esa diferencia, un plano inglés y un plano castellano del mismo edificio daban números distintos aunque los dos dijeran «pies».
La mejor receta que se conserva para fabricar un pie legal es de 1535 y la escribió el matemático alemán Jacob Köbel. Dice así:
Ponte a la puerta de una iglesia un domingo y haz que se detengan dieciséis hombres, altos y bajos, según vayan saliendo al acabar el oficio; que pongan el pie izquierdo uno detrás de otro, y la longitud así obtenida será una percha justa y legal para medir la tierra, y la dieciseisava parte de ella será el pie justo y legal.
Es una tontería preciosa y es, a la vez, estadística: al promediar dieciséis pies cualesquiera se anulan el gigante y el enano, y el pueblo de al lado que repita el procedimiento obtendrá un número parecido. Sin patrones, sin barras de platino y sin laboratorios, Köbel había encontrado la única forma honrada de estandarizar algo usando gente: usar a mucha gente.
El otro método clásico va por abajo, por la pulgada. Un texto inglés de hacia 1324, que se atribuye a Eduardo II, define la pulgada como tres granos de cebada «secos y redondos» puestos en fila a lo largo; doce pulgadas hacen un pie y tres pies una yarda. Curiosamente, la misma idea aparece en Castilla: el dedo castellano se definía como cuatro granos de cebada.
Y aquí viene lo mejor: el grano de cebada sigue vivo. Un tercio de pulgada son 8,47 milímetros, y ese es exactamente el escalón entre dos números consecutivos de calzado británico o estadounidense. Cada vez que alguien calza un 42 y prueba un 43, está cambiando de talla en un grano de cebada medieval.
La palabra también delata el origen: pulgada viene de pulgar, igual que el francés pouce y el italiano pollice. El inglés inch va por otro lado: viene del latín uncia, «la doceava parte», que es la misma palabra de la que sale la onza. Un idioma se quedó con el dedo y el otro con la fracción.
Griegos y romanos dividían el pie en 16 dedos. Fueron los romanos quienes añadieron después la división en 12 unciae, y esa es la que ganó. No es casualidad ni cabezonería: 12 se divide entre 2, 3, 4 y 6, y 10 solo entre 2 y 5. Para un carpintero que necesita un tercio de tabla o un cuarto de viga y no tiene calculadora, el 12 es sencillamente mejor herramienta que el 10.
Ese es el argumento que tienen a favor las unidades del cuerpo y que el sistema métrico cambió por otro: la facilidad de partir en tercios a cambio de la facilidad de multiplicar por diez. El metro ganó porque medir dejó de ser cosa de artesanos y pasó a ser cosa de científicos, ingenieros y aduanas. La historia de esa otra mitad está en el origen del metro.
Aquí está la ironía final. El pie ya no se define con ningún pie: se define en metros. El acuerdo internacional de la yarda y la libra, firmado el 1 de julio de 1959 por Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica, fijó la yarda en 0,9144 metros exactos, y de ahí sale todo lo demás por pura aritmética: el pie es un tercio de yarda y la pulgada, un treintaiseisavo.
De hecho, la industria se había adelantado casi treinta años: la pulgada de 25,4 milímetros ya la había adoptado la British Standards Institution en 1930 y la American Standards Association en 1933, porque las galgas patrón con las que se fabricaban las piezas venían en milímetros y nadie quería dos juegos. El tratado de 1959 no inventó el número: legalizó el que ya usaban los talleres.
Antes de eso, el pie británico (0,3047997 m) y el estadounidense de topografía (0,30480061 m) no medían lo mismo. La diferencia son dos partes por millón: dos milímetros por kilómetro, veinte centímetros en cien kilómetros. Irrelevante para una mesa, carísimo para un catastro, así que Estados Unidos mantuvo su viejo US survey foot seis décadas más y solo lo jubiló el 1 de enero de 2023. Esa fue la última unidad de longitud precientífica que le quedaba a Occidente.
La tabla de conversión, con el círculo ya dibujado en el mapa para las distancias que se pueden ver:
| Pies | En metros | Qué es |
|---|---|---|
| 1 pie | 0,3048 m | 30,48 cm; 12 pulgadas |
| 3 pies | 0,9144 m | Una yarda exacta |
| 6 pies | 1,8288 m | La estatura ideal de Vitruvio |
| 10 pies | 3,048 m | La altura de una canasta de baloncesto |
| 20 pies | 6,1 m | Un contenedor: la unidad del tráfico marítimo |
| 1.000 pies | 304,8 m | El círculo del mapa |
| 5.280 pies | 1.609,344 m | Una milla |
| 29.032 pies | 8.848,86 m | El Everest |
| 35.000 pies | 10.668 m | La altura de crucero de un avión |
España enterró el pie castellano con la Ley de Pesas y Medidas de 1849, y sin embargo el pie se sigue usando aquí todos los días, en un sitio muy concreto: el aire. La OACI fija las altitudes y los niveles de vuelo en pies, así que un piloto español que despega de Barajas asciende a 35.000 pies, no a 10.668 metros. Solo China, Mongolia y Corea del Norte se han quedado con los metros; Rusia y varios países de la antigua URSS se pasaron a los pies el 17 de noviembre de 2011, porque tener dos sistemas de altitud en el mismo cielo es, literalmente, peligroso.
El pie y la pulgada aguantan también en otros rincones, casi todos por la misma razón —el estándar se fijó en inglés y cambiarlo costaría más de lo que arreglaría—:
Las dos unidades resumen las dos formas de medir que existen. El pie salió del cuerpo y se estabilizó a base de costumbre, decretos, granos de cebada y dieciséis vecinos a la salida de misa; nunca fue exacto hasta que alguien lo definió en metros. El metro salió del planeta, fue exacto desde el primer día por decreto y su problema fue el contrario: medir bien la Tierra costó siete años y salió con 0,2 milímetros de error.
Uno se construyó de abajo arriba y el otro de arriba abajo, y por eso hoy conviven mal: el pie tiene 12 pulgadas, la milla tiene 5.280 pies y el kilómetro tiene 1.000 metros. Solo una de esas tres cifras la eligió alguien pensando en que fuera fácil.
¿Quieres el número y ya? El conversor de distancias pasa pies a metros, kilómetros, yardas o millas. ¿Quieres verlo? Escribe una distancia en la herramienta de distancias y se dibuja a escala sobre tu ciudad. Y si quieres la historia completa —la milla, el metro, la legua y por qué no nos ponemos de acuerdo—, está en las unidades de distancia.