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Un kilómetro son mil metros. Una milla son 1.609,344 metros. La primera cifra es redonda porque alguien la eligió a propósito; la segunda es fea porque no la eligió nadie: se fue acumulando durante dos mil años, desde los pasos de un legionario romano hasta un tratado firmado en 1959. Esa diferencia —medir con el cuerpo y con el trabajo, o medir con el planeta— es toda la historia de las unidades de distancia.
El mapa de arriba dibuja una milla de radio. Compárala con un kilómetro: la milla es un 61 % más larga, y esa es la razón de que las distancias de las películas, las carreras y los mapas anglosajones nunca cuadren a la primera. Si solo quieres el número, el conversor de distancias lo hace al instante.
Cada fila lleva a la conversión ya hecha o al artículo que la cuenta entera:
| Unidad | Cuánto es | De dónde sale |
|---|---|---|
| Metro | la base del SI | La diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano de París (1791) |
| Kilómetro | 1.000 m | Mil metros: prefijo griego, decisión de despacho |
| Centímetro | 0,01 m | La centésima parte del metro |
| Milla | 1.609,344 m | Los mil pasos dobles del legionario romano, estirados por un estatuto de 1593 |
| Milla náutica | 1.852 m | Un minuto de arco de meridiano |
| Yarda | 0,9144 m | Se dice que el brazo de Enrique I; exacta desde 1959 |
| Pie | 0,3048 m | Un pie de verdad, y cada reino tenía el suyo |
| Pulgada | 2,54 cm | Tres granos de cebada puestos en fila (Eduardo II, 1324) |
| Furlong | 201,168 m | El surco que araba una yunta antes de descansar |
| Legua castellana | 5.572,7 m | Lo que se anda en una hora: 20.000 pies castellanos |
| Vara castellana | 0,835905 m | Tres pies castellanos; la usaban los sastres y los albañiles |
| Año luz | 9,46 billones de km | Lo que recorre la luz en un año: es una distancia, no un tiempo |
El pie, la pulgada, el codo, la braza, el palmo y el paso son todos lo mismo: una parte del cuerpo convertida en regla. Tenía una ventaja enorme —la regla la llevas puesta— y un defecto fatal: no hay dos cuerpos iguales. Cada reino, cada gremio y a veces cada ciudad tenía su propio pie, y comerciar entre ellos era una discusión permanente.
Los intentos de arreglarlo son deliciosamente artesanales. En 1324, un decreto de Eduardo II de Inglaterra define la pulgada como tres granos de cebada «secos y redondos» puestos en fila, doce pulgadas el pie y tres pies la yarda. El grano de cebada sigue vivo donde menos te lo esperas: los números de calzado británicos y estadounidenses avanzan de un tercio de pulgada en un tercio de pulgada, que es exactamente un grano de cebada.
De la yarda se cuenta que Enrique I la fijó con la medida de su propio brazo. Guillermo de Malmesbury, cronista del siglo XII, sí escribió que se usó «la medida de su brazo» para corregir las varas falsas de los comerciantes; lo de la punta de la nariz al dedo pulgar es un adorno que aparece siglos más tarde. La leyenda es mejor que el dato, como casi siempre.
La otra familia de unidades no mide el cuerpo, mide el esfuerzo. El furlong (201,168 m) es el furrow long: el surco que una yunta de bueyes araba antes de necesitar descansar. La legua es lo que una persona anda en una hora. Y la milla son mil pasos: mille passus, mil pasos dobles de un legionario romano, unos 1.479 metros. Son unidades de tiempo y de fatiga disfrazadas de longitud, y por eso ninguna es redonda.
La milla romana eran 5.000 pies. La milla inglesa mide 5.280. Los 280 pies de diferencia son uno de los mejores ejemplos de la historia de cómo una unidad se tuerce por motivos que no tienen nada que ver con medir.
En la Inglaterra del siglo XVI la tierra se medía en perchas (16 pies y medio) y en furlongs (40 perchas, 660 pies). Todas las escrituras, todos los catastros y todos los impuestos sobre la tierra desde Enrique VIII estaban expresados en esas unidades. Cuando el Parlamento quiso cuadrar la milla con el furlong en 1593, tenía dos opciones: acortar la percha una onceava parte —lo que habría hecho que todas las fincas del reino midieran más perchas, es decir, una subida encubierta de impuestos— o estirar la milla. Estiró la milla. El estatuto dice que «una milla contendrá ocho furlongs, cada furlong cuarenta perchas, y cada percha contendrá dieciséis pies y medio»: 8 × 40 × 16,5 = 5.280 pies.
Es decir: la milla mide lo que mide porque en 1593 salía más barato cambiar la milla que volver a medir Inglaterra. Su valor exacto en metros, 1.609,344, no llegó hasta 1959.
En 1791, en plena Revolución, la Academia de Ciencias francesa decidió que la nueva unidad no saldría del cuerpo de ningún rey, sino de la Tierra: el metro sería la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano que va del Polo Norte al ecuador pasando por París. Una unidad que cualquiera, en cualquier país, pudiera reconstruir con solo mirar el planeta.
Faltaba medirlo. Jean-Baptiste Delambre y Pierre Méchain salieron en 1792 a triangular el arco entre Dunkerque y Barcelona, y tardaron siete años, con una guerra y el Terror de por medio; a Méchain lo detuvieron por espía más de una vez. Méchain cometió además un error en las primeras mediciones, lo descubrió, no se atrevió a contarlo y pasó el resto de su vida intentando taparlo. Murió en 1804, de fiebre amarilla, volviendo a medir.
El resultado: el cuadrante real mide unos 10.001.966 metros, así que el metro se quedó unos 0,2 milímetros corto. Ese error diminuto sigue dentro de la unidad hoy, porque cada redefinición posterior se hizo para conservar la longitud existente, no para corregirla. Desde 1983 el metro es la distancia que recorre la luz en el vacío en 1/299.792.458 de segundo: la definición más precisa jamás usada, calibrada para seguir teniendo el error de Méchain.
Aquí está la ironía que casi nadie sabe: las unidades imperiales se definen en metros. El acuerdo internacional de la yarda y la libra, firmado el 1 de julio de 1959 por Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica, fijó la yarda en 0,9144 metros exactos. De ahí salen, por pura aritmética, todas las demás:
| Unidad | Valor exacto |
|---|---|
| 1 yarda | 0,9144 m |
| 1 pie (1/3 de yarda) | 0,3048 m |
| 1 pulgada (1/36 de yarda) | 0,0254 m = 2,54 cm |
| 1 milla (1.760 yardas) | 1.609,344 m |
Antes de 1959 el pie estadounidense y el británico no medían exactamente lo mismo: se diferenciaban en unas dos millonésimas partes, irrelevante para una mesa y muy relevante para un catastro. Estados Unidos mantuvo su viejo US survey foot (0,30480061 m) para topografía durante seis décadas más, y solo lo jubiló el 1 de enero de 2023. Es decir: la última unidad de longitud precientífica del mundo occidental murió hace tres años.
España tuvo su propia familia de unidades corporales y agrarias, encabezada por el pie castellano o pie de Burgos (0,278635 m, bastante más corto que el inglés). Tres pies hacían una vara (0,835905 m), la unidad con la que se compraba la tela y se levantaban las casas. Y 20.000 pies castellanos hacían una legua: 5.572,7 metros, la distancia que se suponía que una persona andaba en una hora. Las botas de siete leguas del cuento cubrían, por tanto, unos 39 kilómetros de una zancada.
España fue de los primeros países del mundo en adoptar el metro: la Ley de Pesas y Medidas del 19 de julio de 1849, sancionada por Isabel II, lo hizo legal en todos los dominios españoles. Otra cosa fue usarlo. La obligatoriedad general estaba prevista para 1860 y se aplazó siete veces; la implantación real se arrastró hasta cerca de 1880, entre resistencia popular, falta de patrones y siglos de costumbre. Por eso todavía hoy se compran fincas en fanegas y se cuentan caminos en leguas en media España.
Mientras el metro se peleaba con el meridiano, los marinos ya llevaban siglos usando una unidad sacada del mismo sitio y mucho más práctica: la milla náutica es un minuto de arco de meridiano. Eso significa que 60 millas náuticas son un grado de latitud, y que un navegante puede leer distancias directamente en la carta sin convertir nada. Desde 1929 vale 1.852 metros exactos: un 15 % más que la milla terrestre. Un nudo es, simplemente, una milla náutica por hora.
Las unidades se entienden mejor puestas encima de algo que conoces. Aquí tienes las distancias de este artículo convertidas en cosas: un maratón son 42,195 km, que en el sistema que lo inventó son 26 millas y 385 yardas; 10.000 pasos son unos 7,5 km, o 4,7 millas; y el horizonte, desde la playa, está a 4,7 km, que son 2,5 millas náuticas: la distancia a la que un barco desaparece.
¿Quieres el número y ya? Usa el conversor de distancias. ¿Quieres verlo? Escribe una distancia en la herramienta de distancias y se dibuja a escala sobre tu ciudad, o mide una distancia punto a punto en el mapa. Y si lo tuyo son las superficies, tienes el Hectareómetro y el conversor de superficies.